No solía ser la mujer más optimista del mundo. Tardé 28 años, pero finalmente me convencí de que todo en la vida es cuestión de actitud. A veces, sentimos que nos ahogamos en un vaso de agua y nos parece imposible que haya algo por lo que agradecer.
Siempre nos alegra cuando llega el
viernes. Por fin es fin de semana y podremos descansar, salir de
fiesta, pasar más tiempo en familia, o cualquier otra actividad que
nos haga feliz. Por el contrario, solemos despreciar la llegada del
lunes pues implica retomar la rutina. Levantarse más temprano,
jornada laboral, que haceres del hogar y un largo etcétera. ¿Por
qué no modificar nuestra actitud y regalarnos este día para
agradecer lo que tenemos?
Y como uno no puede más que predicar
con su ejemplo, HOY quiero dar GRACIAS:
